Eternamente Roma

Roma se me metió en los huesos y en las venas. En ella la naturaleza fue transformada para mostrar el poder de la belleza y la belleza del poder. En su historia se fusionaron motivaciones no muy elevadas como la egolatría, el miedo al olvido, la competencia entre naciones, para crear obras sublimes de todas las artes que las enmascaren. 

A pesar de que en Roma se percibe por doquier la presencia de guerras épicas, a pesar de que su monumento más emblemático es un Coliseo en donde cientos de estatuas de divinidades custodiaban luchas mortales que divertían al público, que me hicieron preguntarme a dónde se fueron los perseguidos y los persecutores, Roma es una ciudad ROMAntiquísima, que te hace recordar una y otra vez que el mundo es como es gracias al amor, gracias a Roma, pero también gracias al caos, porque tanto monumento sobremontado llega a ser caótico, pero, como en el amor, hay una convivencia armónica a pesar de todo.

No pensé yo que la ciudad de la “santa sede” de la religión que me inculcaron desde pequeño y que ahora critico tanto, me iba a encantar tanto, no por ello me dejaron de chocar la presencia de miles de monjas y curas subiendo y bajando sus calles pasando de largo a tanta gente tan necesitada de que estos religiosos se tomen en serio lo de que somos hermanos. Entre los mendigos y los eclesiásticos que piden dinero en el nombre de Dios, ¿quiénes tendrán mayor fe? ¿Dejaría de creer el rico si se hace pobre o el pobre si se hace rico?

Me contaron que la ciudad estaba inundada de refugiados de la guerra de Siria viviendo en la calle porque por órdenes del Papa Francisco, Italia no podía cerrarles sus fronteras por lo que ha recibido a miles fugitivos. Sin embargo, son muchísimos más los miles de turistas que procesionan sus calles, plazas, edificios, queriendo meterse hasta por donde no está permitido, y llenar sus cuerpos y mentes con pasta, pizzas, gelattos, cappucinos y monumentos creados con el fin de ser eternos.

Como corderos que somos seguimos los caminos que conducen a la eterna, aunque la eternidad no exista. Los romanos deben compartir la capital del imperio que gobernó a casi todo el mundo con los turistas masificados y una creciente comunidad de inmigrantes chinos, africanos y de todas partes del mundo, quienes luchan por ser adoptados por un lugar de groseramente hermoso. Es que según un experto en Roma en el mundo existen dos tipos de personas: los romanos y los que queremos serlo.

¡Mamma mía!, Grazie Roma per vostro amore.

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