Cartagena de Indias encantadora

Cartagena de Indias, en la costa colombiana, produjo en mí un encantamiento muy particular. Os cuento unas pocas anécdotas con el objetivo de transmitirles la sensación que sentí al recorrerla.

Caminando por la calle una chica me gritó: “¡Oye, no me dejes sola!”. Giré para verla, vestía de forma provocativa y reía, y de pronto comenzó a bailar y a cantar, allí la dejé en su salsa, y a los segundos me topé con un vendedor de guayaba quien estaba posado con su cesta llena al lado del trasero inmenso de la escultura de la gorda exhibicionista de Botero. Le dije bromeando que me parecía un gran lugar el que había escogido para vender su fruyo, me respondió que él no estaba allí por casualidad, porque “eso” huele a guayaba, y así le provoca a la gente comprarme. Y si de provocaciones se trata, son incontables en Cartagena, las parejas de todo tipo besándose sobre las murallas, en plena oscuridad, iluminados sólo por la historia. Grupos de negros bailando cual poseídos por el mal de san vito, pero que obviamente (con esos cuerpos) están benditos por San Benito.

Al bajar de la muralla, escuché a un vendedor de arepas que también era poeta: “Mami, traiga a todos sus pelaos con hambre pa’ que arrasen”. A mí me dijo: “Mijo, con esos ojos pelaos se ve a leguas que tiene hambre, venga pa’ que se ayude”. Con mi arepa en mano me topé con una carroza que ofrecía paseos a los turistas decorada con guirnaldas de todos colores arrastrada por hermosos caballos que parecían contentos, en Cartagena de Indias hasta la esclavitud perpetua puede ser alegre.

Los balcones lloraban de risa con tantos bikinis y toallas fluorescentes colgando, cuidado y no te caen en la cabeza. Los taxistas se confiesan a los gritos de carro a carro que como no pueden creer lo bien que están, es sarcasmo, es quejarse bromeando, es un lamento gozoso una melodía acompañada por la eterna salsa y el vallenato.

¿Cómo no sentirse bien acompañado cuando se está rodeado de bicicletas y ventanales que parecen sacados de revista? Flores y adornos de todo tipo modernos y antiguos. Es que si hay buen humor todo es más bonito. Un letrero de un restaurante pone: “Vendemos carne asada, y gente cruda”. Al pasar frente de una iglesia, el guía del tour le dijo al grupo que allí no es recomendable casarse. Uno le preguntó: “¿Por qué?” – “¡Porque quien se casa aquí, lo hace para toda la vida!”.

Esta ciudad es disfrutable incluso si no tienes los bolsillos llenos de dinero, basta con pasear por sus calles empedradas repletas de casas hermosas y de esculturas dedicadas a personas tan loables como el niño anónimo y el escritor desconocido.

Así que, si tienes la más mínima oportunidad, no lo dudes… visita Cartagena de Indias, una perla de Colombia para el mundo.

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